No se trata de negar lo que ocurre ni de forzar pensamientos positivos, sino de crear un entorno mental que apoye la calma, reduzca el estrés y favorezca el bienestar.
La conexión mente–cuerpo está respaldada por la ciencia
Hoy sabemos que el cerebro, el sistema nervioso, el sistema hormonal y el sistema inmunológico se comunican constantemente.
Estudios en psiconeuroinmunología muestran que:
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El estrés crónico eleva el cortisol
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El exceso de cortisol favorece inflamación y fatiga
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Los pensamientos repetitivos de miedo o desesperanza activan respuestas de alerta en el cuerpo
Por el contrario, estados mentales más tranquilos y enfocados en la recuperación ayudan a regular estas respuestas.
Aquí entran conceptos bien estudiados como:
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Neuroplasticidad: el cerebro cambia según lo que practicamos y repetimos
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Efecto placebo: la expectativa positiva puede generar mejoras reales
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Efecto nocebo: el miedo y las creencias negativas pueden empeorar síntomas
Nada de esto reemplaza un tratamiento médico, pero sí puede acompañarlo y potenciarlo.
El poder del lenguaje interno durante un proceso de salud
Muchas veces repetimos frases como:
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“Nunca me siento bien”
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“Mi cuerpo no responde”
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“Esto no va a mejorar”
Estas frases, dichas una y otra vez, refuerzan tensión, frustración y sensación de falta de control.
Una alternativa más amable y realista es usar un lenguaje que acompañe el proceso, por ejemplo:
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“Estoy atravesando un proceso y me estoy cuidando”
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“Cada día me siento un poco mejor”
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“Mi cuerpo está trabajando para recuperar el equilibrio”
No es autoengaño: es cambiar el tono de la conversación interna.
La repetición importa más que la perfección
El cerebro aprende por repetición.
Lo que piensas y dices con frecuencia crea rutas neuronales más fuertes.
Por eso, repetir frases sencillas y creíbles puede ayudar a entrenar una respuesta interna más favorable.
Algunas afirmaciones naturales que puedes integrar:
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“Hoy me siento un poco mejor que ayer”
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“Estoy aprendiendo a escuchar a mi cuerpo”
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“Cada día hago algo que apoya mi bienestar”
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“Estoy en un proceso de mejora constante”
La clave es que se sientan posibles, no forzadas.
Infusiones que pueden acompañar el proceso mente–cuerpo
Las infusiones no solo actúan a nivel físico, también ayudan a crear rituales de calma, fundamentales para reducir el estrés y apoyar el sistema nervioso.
🌿 Toronjil o melisa
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Tradicionalmente usada para calmar la mente
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Puede ayudar a reducir ansiedad leve y tensión nerviosa
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Ideal para la tarde o noche
🌼 Manzanilla
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Suave, digestiva y relajante
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Ayuda a crear sensación de confort y descanso
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Apta para uso diario
🌙 Valeriana (en dosis suaves)
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Utilizada para favorecer el descanso
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Recomendada especialmente en momentos de nerviosismo
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Mejor por la noche
🍃 Pasiflora
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Apoya la relajación mental
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Útil cuando hay pensamientos repetitivos o dificultad para desconectar
👉 Prepararlas conscientemente, sin prisas, refuerza el mensaje de autocuidado que le damos al cuerpo.
Ejercicio sencillo de 3 minutos (diario)
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Prepara una infusión caliente
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Siéntate cómodamente y respira profundo 3 veces
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Repite en silencio una frase como:
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“Cada día me siento mejor”
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“Estoy creando un entorno interno de calma”
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Bebe lentamente, sin distracciones
Este pequeño ritual ayuda a regular el sistema nervioso y refuerza el enfoque en el bienestar.
Un recordatorio importante
El poder de la mente:
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Acompaña, no reemplaza
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No niega la realidad
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No exige estar “positivo todo el tiempo”
Es una herramienta de apoyo, basada en ciencia, para relacionarte mejor con tu proceso.
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Lo que te dices importa. Las palabras que eliges influyen en cómo te sientes y cómo responde tu cuerpo. Hablarte con más calma y conciencia es una forma profunda de autocuidado.
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